Quizás una de estas tradiciones que desaparecieron, por esas cosas de la modernidad, es el encendido de las ‘mariposas’ o lamparillas de aceite, que se compraban en las “tiendecitas de la esquina” o bien se fabricaban en casa.

Las de cajitas de mariposas hoy son parte del recuerdo de una luz tenue en la noche de Todos los Santos. Fabricadas de modo artesanal, se pueden seguir encontrando en la red, a través de casas como ‘Gallissá’, o fuera de stock en alguna que otra ferretería.

Muchas de estas estaban realizadas a partir de máculas gráficas, sobre todo de cartas de la baraja española o de cualquier cartón en desuso y una fina capa de corcho.

En una noche tan especial, en la actualidad apagada por los trucos y tratos, gritos por doquier y lanzamientos de huevos, se colocaba la ‘mariposa’ en un recipiente con agua y aceite de cocina. Al encender la ‘mariposa’, ésta iba consumiendo el aceite y se apaga cuando llegaba al agua.

Encendidas junto a las fotografías de los difuntos era una manera respetuosa de vivir un tradicional día que hoy forma parte del recuerdo de la niñez de muchos.

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