CONSUELO TRUJILLO: “La primera vez que recité a Lorca sentí una llama que ya nunca se pudo apagar”

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Consuelo Trujillo. Fotos: Agencia Aleteia.

Creadora, actriz y directora de teatro. Maestra de actores e investigadora de los procesos artísticos. Consuelo Trujillo es una reconocida actriz linense que ha logrado ganarse un hueco en el complicado mundo de la interpretación a base de constancia, estudio y trabajo, y una tarea constante de autodescubrimiento. Se topó con su vocación recitando a Lorca en el colegio y acabó cambiando el improvisado escenario de su azotea por las tablas, los platós de cine y la televisión, sin olvidar nunca su dedicación educativa y humanitaria. Firme convencida del poder transformador del teatro y el compromiso social con el cambio, en 2005 pasó por una dura enfermedad que, lejos de achicarla, le hizo volver a la dramaturgia con más fuerza y lograr distintos premios y reconocimientos a su carrera.

Actriz, directora, maestra de actores. El teatro ha marcado buena parte de su trayectoria, aunque también ha hecho cine y televisión. ¿En qué perfil se siente más cómoda? 

He hecho muchas cosas dentro el mundo de la interpretación, y las sigo haciendo. Creo que este carácter mío de querer acapararlo todo, en parte por ambiciosa, en parte por inquieta, en parte por buscadora, marca lo que soy como artista. Tengo un don para enseñar y lo he hecho desde que terminé mi primera formación en arte dramático, y durante 14 años fui parte del equipo pedagógico del Estudio Corazza. Esto también me ha marcado como actriz; yo enseño muy bien lo que necesito aprender, y a base de enseñarlo también lo voy aprendiendo. Por otra parte, desde pequeña, he sentido también la necesidad de ayudar a los demás. Esto me hizo implicarme en proyectos de desarrollo humano. Me he formado como terapeuta gestalt y en terapias humanistas en el Programa SAT con Claudio Naranjo, quien me dio la oportunidad de ayudar a la gente a través del teatro. Así acabó una linense, la niña que nació y creció en el Estrecho, enseñando teatro a los rusos, italianos, alemanes, brasileños, argentinos, mexicanos y a los mayas en Chiapas. Esto ha marcado mi vida y ha hecho que mi compromiso con el mundo de la interpretación sea un compromiso en el que se une el desarrollo artístico y humano, el compromiso social y la búsqueda espiritual. Querer cambiar el mundo, contribuir a mejorarlo, a través del teatro.

Fotos: Agencia Aleteia.

¿Qué recuerdos guarda de su infancia y adolescencia en La Línea?

Mis recuerdos en mi pueblo están hechos de luz y de mar… y el viento, ese que me levantaba las faldas y me hacía correr por el huerto de Pedro Vejer cuando caminaba hacia mi cole, el colegio de San Pedro, o por la avenida de la Banqueta cuando iba hacia el instituto Menéndez Tolosa. Los veranos eran larguísimos. Intentábamos darnos el primer baño el Día del Padre, el 19 de marzo. Mi padre me enseñó a amar el mar. Recuerdo cuando él me hacía subir en sus hombros, me cogía por los tobillos y me lanzaba al agua. Ahora ese recuerdo tiene un especial significado para mí; siento como era su manera de lanzarme a la vida. 

También recuerdo la visión de esa roca enorme que es Gibraltar, presente en mi vida desde mi nacimiento. Era un misterio y a la vez un lugar conflictivo emocionalmente. Cuando yo tenía dos años, mi padre se fue a trabajar allí y en aquella época por los acuerdos políticos, más bien desacuerdos, no podía volver a dormir. Recuerdo la pena de mi madre y su ausencia por largos periodos. Teníamos mucha familia en Gibraltar y no podíamos verlos. Los domingos, durante mucho tiempo, acudía con mis padres y mis hermanos después de la misa en los Salesianos a la Verja, a ver a mi abuela en la distancia, a dar voces, a tirarle besos. Esto era lo normal. Tuve que alejarme para comprender que no era normal, que eso ha sido una gran injusticia y un desprecio de un gobierno por un pueblo y por su gente. El cierre de la frontera de Gibraltar por parte de Franco es un atentado contra los derechos humanos y nosotros como pueblo todavía tenemos un largo recorrido para restablecer esta memoria histórica. 

¿Cómo se da cuenta esa niña que jugaba con el mar que quería ser actriz?

Edipo, nos cuenta Sófocles, tuvo que dejar la casa de su padre, alejarse para iniciar el viaje interior. Yo he tenido que viajar mucho para conocerme y también para desarrollar esos yoes que había dentro de mí y que buscaban referencias fuera para emerger. Tengo recuerdos vivísimos de experiencias que me ayudaron a iniciarme en mi vocación. En el colegio, las teresianas me impulsaron a querer saber. Gracias a ellas hice mis primeros viajes fuera de La Línea y se despertó en mí una curiosidad por la lectura, por el conocimiento. Allí hice mis primeras obras de teatro en la función de Navidad y gracias a mi profesora Inmaculada Araujo, que me descubrió a Lorca, y me dio la oportunidad de recitar sus poemas en una fiesta final de curso. Aquello fue una experiencia vital, porque sentí como brotaba dentro de mí la vocación, que yo en ese momento no sabía que era, pero fue como una llama que se encendió y que ya nunca se pudo apagar.

Entonces hacía teatro en la azotea. En aquella época vivíamos en los pisos D’Amato, casualmente justo frente al Teatro de La Velada. Yo escribía las obras, ponía a mis hermanos a actuar y yo también actuaba. Siempre me vestía con el traje de novia de mi madre, reutilizado de muchas maneras, y el público era mi madre, mi abuela y las vecinas.

Mi implicación en el mundo de la interpretación es un valor en el que se unen el desarrollo artístico y humano, el compromiso social y la búsqueda espiritual

¿Cómo cambia finalmente la azotea de casa por las tablas de un teatro? ¿Cómo fueron aquellos inicios?

Con 18 años me fui a Sevilla a estudiar Filosofía y Ciencias de la Educación y desde que llegué a la Universidad empecé a hacer teatro en grupos universitarios. Me estrené en las tablas con otro linense, mi amigo José Luis Villar, con el que he compartido tantas cosas. José Luis es un humanista, y en mi juventud me sentí muy unida a él, en el amor a la cultura, a la poesía, al teatro y también en el compromiso político. La vida me fue empujando hacia mi camino y yo fui siguiendo esa llamada de muchas maneras. Con 21 años estaba terminando el tercer año de carrera y me inscribí para hacer las pruebas de selección en el Instituto de Teatro, una escuela nueva creada en Sevilla por la Diputación que seguía los pasos de escuelas europeas en las que se buscaba una formación integral. Yo formé parte de la primera promoción del Instituto del Teatro y esa fue mi primera formación. 

De allí crucé el Atlántico para seguir mis estudios en Buenos Aires con Carlos Gandolfo. Mi experiencia en Argentina me marcó la vida tanto a nivel personal como artístico. Estaba buscando qué actriz quería ser. Sentía mis carencias y buscaba herramientas que me ayudaran a realizarme como artista, pero también buscaba alejarme para conocerme. Allí se inicia lo que ha sido una característica de mi camino como actriz y como persona: unir mi camino en la vida con mi camino en el arte, unir mi desarrollo personal con mi desarrollo artístico. La búsqueda como sentido de mi existencia.

Cuenta con varios premios y reconocimientos a su carrera. Si tuviese que elegir un momento concreto, ¿con cuál se quedaría?

Estos últimos 12 años han sido muy intensos. Me he sentido bendecida por tantas oportunidades. Como actriz creo mucho en los procesos, en realidad es lo que más me gusta, sumergirme en los procesos de ensayo, de creación de personajes, de dar a luz a la obra juntos y aquí no puedo dejar de nombrar: Bodas de Sangre, Proyecto Laramie, Cuando deje de llover, Medea, La Geometría del Trigo, Divinas palabras, Lettre d’amour. Y proyectos en los que he estado también como creadora, directora e intérprete: Criatura, El cuerpo se hace nombre y Pasión por Lorca.

Los premios que han venido los he recibido como impulsos para seguir; y recibir el reconocimiento de tus compañeros y compañeras en los premios de la Unión de Actores es muy especial, es como recibir el abrazo de los tuyos, de los que saben cuánto cuesta mantenerse en esta profesión cada día. En el cine tuve la oportunidad de trabajar con Paula Ortiz en La Novia. Una experiencia que nunca olvidaré. Adoro su manera de trabajar con los actores y su visión estética de las películas. 

Fotos: Agencia Aleteia.

Son muchas las artistas que no se cansan de denunciar el todavía papel secundario de la mujer en puestos de responsabilidad en el mundo de la interpretación. ¿En qué punto se encuentra ahora mismo la lucha por los derechos de la mujer en este sector y qué queda por hacer? 

Todavía hay mucho predominio de la visión masculina en el arte. Estamos en un mundo patriarcal y necesitamos que las mujeres cuenten más su visión, sus historias, sus personajes. Las actrices de más de 50 años tenemos una piedra de Damocles sobre nosotras. Esa visión machista de que la mujer deja de ser atractiva, sexy, deseable. Entonces todos los personajes que nos ofrecen tienen que ver con la madre, la abuela del protagonista, sin historia propia. Hay muchos más personajes interesantes para hombres de más de 50 que para mujeres. ¿Por qué? Porque el mundo, la literatura, la historia, el cine, la televisión, el teatro lo cuentan los hombres. Estamos progresando en ello, pero nos queda por delante mucho trabajo, por ello es tan importante dar visibilidad y apoyo a las mujeres creadoras, que nos cuenten ellas el mundo y den voz a sus personajes femeninos.

Entre proyecto y proyecto ¿se echa de menos La Línea? ¿Cómo se ve este rinconcito del sur desde fuera?  

Me siento muy vinculada en este momento al proyecto cultural que está poniendo en marcha el Ayuntamiento de La Línea, esperamos que muy pronto se reinaugure el Teatro de la Velada. Quiero apoyar personalmente este proyecto y venir con todos los espectáculos en los que esté participando. Ya estamos en contacto para que esto sea posible. Esto es una ilusión muy grande, pues desde 1994 no he vuelto a actuar en La Línea, mi pueblo. Parece que muy pronto se cumplirá. Crucemos los dedos.

Creo que es importante salir, conocer el mundo y luego poder volver si esa es la elección, pero hay que salir, hay que abrirse al mundo

¿Qué mensaje le trasladaría a los jóvenes de esta comarca, al futuro de esta tierra?

La gente joven es la que más me preocupa y me ocupa. Tengo una sobrina con 18 años que vive en La Línea y me siento muy sensibilizada con el problema de la juventud. Creo que hemos abandonado a los jóvenes, no nos hemos comprometido como sociedad con ellos, no les hemos escuchado y tampoco les estamos ofreciendo espacios, oportunidades para que puedan desarrollarse y encontrar su camino. Y esto es lo que creo que hay que hacer: ofrecer oportunidades, espacios de desarrollo, referencias, posibilidades de viajar. Creo que es importante salir, conocer el mundo y luego poder volver si esa es la elección, pero hay que salir, hay que abrirse al mundo. Para mí fue importante esto, abrirme a algo más grande, y llevo a La Línea dentro, el lugar en el que nací, me crié, comencé a construirme como ser humano, pero luego vinieron más lugares, personas, experiencias que me han construido. Y siempre vuelvo, siempre necesito volver y reencontrarme con mis raíces, con mi gente, con esa música, con el viento, el mar, mi madre, mis hermanos, mis amigos. Por eso será tan importante para mí cuando pueda actuar en un escenario de La Línea y ofrecer lo que yo soy ahora a la tierra donde nací y a mi gente. Lo vivo como una ofrenda.

¿Quién es Consuelo trujillo?

Además del teatro, ha participado como actriz en números proyectos de cine y televisión, destacando recientemente su trabajo en ‘Adiós’, dirigida por Paco Cabezas, ‘Verónica’, dirigida por Paco Plaza, ‘La Novia’, de Paula Ortiz y Accidente, serie producida por Globomedia. Ha producido numerosos proyectos escénicos como ‘Criatura’, Premio Godoff 2016 a la mejor pieza de danza/performance y Premio Unión 2016 a la mejor actriz protagonista de teatro. Presentó en la Noche de los Teatros 2019 ‘Pasión por Lorca’ y en el Pavón Kamikaze la pieza-performance ‘Y el cuerpo se hace nombre’. En su aspiración de compaginar la creación, la interpretación, la dirección y la enseñanza, creó en 2009, junto con Roberto Trujillo y Susi Sánchez, Criatura del arte, que se centra en proyectos de creación e investigación de un lenguaje artístico propio y donde dirige un laboratorio para actores.

  • Premio Unión de Actores 2019. Mejor actriz de reparto de teatro por ‘La Geometría del Trigo’
  • Premio Unión de Actores 2016. Mejor actriz protagonista de teatro por ‘Criatura’.
  • Premio Godoff Lemón Press 2016. Mejor pieza danza/performance por ‘Criatura’.
  • Nominación Unión de Actores. Mejor actriz secundaria de teatro por ‘Medea’.
  • Premio José Estruch 2016. Mejor interpretación secundaria por ‘Medea’.
  • Premio Ercilla de Teatro 2015. Mejor intérprete de reparto por ‘Medea’.
  • Premio Unión de Actores 2014. Mejor actriz secundaria de teatro por ‘Cuando deje de llover’.
  • Nominación Unión de Actores 2010. Mejor actriz protagonista de teatro por ‘Bodas de Sangre’.
  • Nominación Premios de la critica de habla hispana de New York 2001 por ‘Al sur de Granada’.

Un artículo publicado en el número 2 de la revista SIROCO de diciembre de 2020.