Poveda, cercano y extenso

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Miguel Poveda, en el Cabaret Festival de Algeciras. Fotos: Francis Mena.

La música como forma de acercarse en tiempos del coronavirus y la distancia social. La de Miguel Poveda es cercana como pocas, familiar, la de la radio de la cocina. El catalán se mostró en su actuación en el Cabaret Festival de Algeciras así, cercano al público pero también extenso, con dos horas y media largas de concierto en las que fue flamenco, coplero, lorquiano y él mismo.

Comenzó la velada con un tropiezo en el sonido, el colmo para un perfeccionista como Miguel Poveda, que reinició la noche y continuó sin más problemas. ‘De qué manera’, la canción con la que el badaloní da las gracias a los sanitarios que han estado al frente de la crisis del coronavirus, sonó limpia.

Miguel Poveda continuó con una saeta y siguió con su maravillosa Oda a Walt Whitman de su disco Enlorquecido, un nuevo pago del flamenco al genio de Granada. De ahí arrancó más tarde Silencio, desgarrador en una plaza que era todo oídos.

El cantaor catalán se vistió de coplero, terreno que maneja a la perfección, como pocos actualmente de hecho, y donde tiene muchos seguidores. Fue interpretando canciones como Tres puñales o Quítame el beso de anoche con un estilo personal que Poveda ha sabido labrarse. Todo lo hace suyo, hasta ese Voy a perder la cabeza por tu amor tan María Jiménez.

El escenario del Cabaret Festival se tornó tablao. Miguel Poveda se gustó en lo jondo, se recreó en el flamenco por fandango, malagueña, bulerías, alegrías y hasta una habanera. Jesús Guerrero y José el Bolita fueron sus acompañantes a la guitarra, y bailó su hermana Sonia Poveda.

Todo sentimiento. Recordó a Lole y Manuel, se divirtió por fiestas y hasta se permitió modificar una letra para dar una nota de actualidad: “Si soy rey me voy de España”.

El artista pidió al Gobierno que ayude “a la cultura” y reivindicó “a la gente de los tablaos”. No faltaron tampoco los guiños a la tierra, como cuando en sus tangos de Triana dejó un “pa Algeciras voy” o trazando un “adivínalo, adivínalo de que pueblo soy”. Cositas que siempre gustan. Recordó también a Paco de Lucía, como estación de penitencia para cualquier flamenco (o músico) que actúe en la ciudad.

Un Poveda cercano y cariñoso, con ganas de escenario y de sentir cerca al público, aunque sea guardando las distancias.