En esta simbiosis entre Gibraltar y la comarca existe otro tipo de relación que no debe pasar desapercibida: la laboral, de la que participan más de 10.000 trabajadores transfronterizos. Una cifra tras la que hay miles de nombres y apellidos, miles de rostros e historias. Como la de Inmaculada Díaz Almán (La Línea, 52 años) y José Luis Mesa Ruiz (La Línea, 53 años), un matrimonio español que desde hace 27 años cruza diariamente la Verja con Gibraltar para acudir a su puesto de trabajo. Hoy cuentan con su propio negocio en el Peñón. 

De familia comerciante, dedicada al negocio de la alimentación, Pepe Mesa comenzó a trabajar en el mercado de abastos de Gibraltar en 1994, haciéndose cargo de una pequeña carnicería que gestionaba junto a su padre. Inma regentaba entonces su propio puesto de aceitunas y frutos secos. Ambos han trabajado en distintas compañías afincadas en el Peñón y vinculadas con el sector de la alimentación, como Fruit House, Almacenes Carson y Checkout Gibraltar

En 2005 decidieron emprender su propio camino y adquirieron un supermercado, Glacis Store, que desde el año 50 abastece a una populosa barriada de Gibraltar, Los Glacis. Allí, todos los días, levantan la persiana incansablemente, de lunes a sábado, mañana, tardes y muchas noches. Para sacar adelante su negocio cuentan además con un empleado español que lleva con ellos 10 años. En otros momentos más boyantes llegaron a contar con hasta siete empleados. 

Inmaculada Díaz Almán, de 52 años, en su supermercado gibraltareño. Foto: Juan Manuel Galindo.

Ahora mismo, aseguran, atraviesan unas circunstancias inciertas y delicadas, tanto económica como socialmente. En el plano económico, la feroz competencia de grandes supermercados y superficies se lo pone cada día más difícil. Algo a lo que la pandemia de coronavirus tampoco ayuda y, muy al contrario, hace mella en sus cuentas, como en la de tantísimos autónomos. “La actividad económica se ha parado. No hay turismo ninguno. No entra gente de fuera. Los bares y restaurantes no trabajan al cien por cien”, explica Pepe Mesa. 

Socialmente, cómo no, el Brexit lleva cuatro años amenazando con romper el status quo de esta zona. “No sabemos cómo va a salir todo esto. Si al final hay una subida de impuestos sobre las mercancías que pasen por la frontera, nos va a perjudicar a todos, a residentes y trabajadores. Los aranceles suben los precios para todos”, declara el propietario. 

Lo cierto es que la incertidumbre que rodea a la salida del Reino Unido, y por tanto Gibraltar, de la Unión Europea ya ha afectado a estos miles de trabajadores transfronterizos que desde 2016 han visto mermado su poder adquisitivo tras la caída paulatina del cambio de la libra. A pesar de los repetidos compromisos de los distintos Gobiernos por blindar los derechos de los ciudadanos a un lado y otro de la Verja, todavía hay mucho pesimismo sobre lo que va a pasar a partir de enero. “El paso fluido por la frontera, los derechos de tantos trabajadores, los permisos de conducción, los médicos. Estamos todos expectantes”, añade Inma. 

Este matrimonio linense tienen a un empleado español, aunque en sus mejores momentos llegaron a tener hasta siete. Foto: Juan Manuel Galindo.

Si algunos de los que están en Madrid y Londres hubiesen nacido en esta comarca, los problemas de aquí se resolverían de otra manera. Los que deciden no conocen la idiosincrasia de esta zona, esta particular y singular relación entre estas dos poblaciones. Incluso uno que reside en Algeciras, San Roque y Los Barrios lo vive de manera distinta. Aquí en La Línea es que nacemos con ello. Yo, por ejemplo, tardo desde el centro de la ciudad el mismo tiempo en llegar a mi negocio en Gibraltar que a mi casa en La Línea”, comenta Pepe, al tiempo que recuerda otros tensos momentos como las colas de vehículos de hasta seis horas en los años 90 para entrar y salir de Gibraltar. “Eso es inhumano”, manifiesta. 

Veintisiete años cruzando cada día una frontera y una pista de aeropuerto dan para mucho, para todo lo bueno y lo malo de esta particular situación. “Nosotros somos emigrantes, aunque con la suerte de dormir cada noche en casa. La pena es que no hemos podido trabajar en nuestro pueblo. Trabajando aquí en La Línea también nos levantaríamos un poco más tarde, la verdad”, bromea Pepe Mesa. Y es que el despertador de los transfronterizos suena muy temprano. “Aunque el verdadero problema de trabajar aquí en España es dónde, aquí dónde trabajamos”, claman con resignación. 

En cuanto al futuro, Inma y Pepe esperan jubilarse en su tienda de Los Glacis y procurar en los próximos años algún tipo de plan de pensiones, aunque aseguran que ahora mismo las circunstancias económicas no son las mejores para afrontar un gasto extra. La jubilación es un asunto que, como muchos transfronterizos, desconocen y les preocupa. “Nuestra jubilación se queda como la de un trabajador gibraltareño más. La diferencia es que ellos tienen además de esa paga muchas más ayudas para pagar las facturas, el community care, entre otras. La jubilación es baja pero los gastos de ellos son menos”, explica Pepe, que considera que las administraciones competentes deberían impulsar un fondo con las contribuciones de todos los trabajadores transfronterizos y que repercutiera luego a la hora de sus jubilaciones

Imagen del supermercado Los Glacis, regentado por dos españoles. Foto: Juan Manuel Galindo.

La seguridad social es otro asunto en el que los transfronterizos se declaran en desventaja. “Nosotros aportamos al desarrollo de la economía local de Gibraltar, al bienestar que esto supone para la población del Peñón y los que trabajamos allí, pero realmente no lo disfrutamos”. Luego hacen vida en España, en esta comarca, y se encuentran con trabas burocráticas como las necesarias para acudir al médico, teniendo que renovar anualmente una serie de documentos (el S1) para poder ser atendido, por ejemplo, en Urgencias.  “Esto conlleva un jaleo de papeles y pérdida de tiempo. Es más fácil que alguien de fuera disfrute de la seguridad social antes que nosotros, que somos de aquí de La Línea”, explica el tendero.

Sin embargo, a pesar y por encima de todas estas particularidades, y todavía algunas diferencias como las salariales, tal y como denuncian, una vez más prevalece el trato personal y cercano entre dos poblaciones vecinas. “Después de todos estos años, tenemos allí muy buenos amigos y con nuestros clientes hemos formado una gran familia. Ya hemos ido a más entierros en Gibraltar que aquí en La Línea. Hemos tenido niños que han venido con sus padres a la tienda y ahora son ellos como adultos los que vienen con sus hijos. Llega la campaña de Navidad, que para nosotros es muy dura, y nos ofrecen sus casas para descansar y dormir y hasta te bajan una tartera con comida. Los gibraltareños son muy solidarios”, destaca este matrimonio español en Gibraltar. 

Recientemente se conmemoraron 50 años del cierre de la frontera con Gibraltar en 1969. Un hecho que marcó para siempre la historia de esta tierra singular y que ahora encara nuevos retos con una Verja en la que, ante todo, persisten las relaciones personales.